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REYES de BOGOTÁ

Estilo • Sociedad • Protocolo

Recepción elegante de San Valentín en Bogotá con centros de mesa de rosas rojas y candelabros dorados
Especial San Valentín

Flores, protocolo y celebración:
el 14 de febrero en Bogotá

Una crónica editorial sobre cómo la capital colombiana celebra el amor con tradición, estética y un sentido del detalle que pocas ciudades latinoamericanas conservan.

Crónica Editorial
Febrero 2026

Hay ciudades que celebran San Valentín por inercia comercial y hay ciudades que lo celebran con intención. Bogotá pertenece al segundo grupo. En la capital colombiana, el 14 de febrero no se reduce a un gesto apresurado ni a una compra de último minuto: es una fecha que se prepara, se planifica y —en los círculos que valoran el protocolo— se ejecuta con el mismo rigor que una recepción formal.

El motivo es tanto cultural como geográfico. Colombia es el segundo exportador mundial de flores cortadas, y la Sabana de Bogotá concentra buena parte de esa producción. Esto significa que, a diferencia de otras capitales donde las flores de San Valentín recorren cadenas logísticas interminables, en Bogotá el recorrido entre el invernadero y la mesa puede medirse en horas. La frescura no es un lujo: es una ventaja estructural.

Esa cercanía con la producción floral ha generado una cultura del arreglo que trasciende la simple compra de ramos. En Bogotá, las familias de tradición encargan centros de mesa con semanas de anticipación. Las anfitrionas más experimentadas seleccionan variedades específicas —rosas explorer, hortensias de la Sabana, astromelias del altiplano— y supervisan la paleta cromática como quien cuida cada detalle de una puesta en escena.

Arreglo floral de autor con rosas rojas y peonías en jarrón dorado
Arreglo de temporada: rosas, peonías y eucalipto en cerámica artesanal.

El arte de regalar flores con criterio

Regalar flores en San Valentín es fácil. Regalar flores con criterio requiere un esfuerzo adicional que, según la tradición bogotana, define la diferencia entre un gesto amable y un detalle memorable. No se trata de cantidad sino de curaduría: la selección de las variedades, la proporción entre follaje y flor, el contenedor, el mensaje que acompaña el envío.

En la Bogotá contemporánea, donde el concepto de "quiet luxury" se ha filtrado desde la moda hacia la decoración y la hospitalidad, los arreglos más valorados son aquellos que combinan sobriedad con personalidad. Un bouquet monocromático de rosas garden en tonos burdeos, montado en un recipiente de cerámica mate, comunica más sofisticación que un arreglo sobrecargado de colores y brillos.

Para quienes buscan orientación antes de decidir, resulta útil consultar una selección curada de bouquets para esta temporada que permita comparar estilos, formatos y rangos de inversión. También conviene revisar el repertorio de arreglos florales de autor para febrero, donde la oferta se organiza por tipo de ocasión y se actualiza con la disponibilidad de temporada.

Lo que importa, al final, no es el precio del ramo sino la coherencia entre lo que se regala y lo que se quiere decir. En protocolo floral —una disciplina que Bogotá practica con naturalidad—, cada elección tiene un significado: el rojo habla de pasión, el blanco de respeto, el rosa de ternura. Quien elige con consciencia regala dos veces: el arreglo y la intención.

Composición editorial de regalos de San Valentín: rosas, champagne, chocolates y joyería sobre terciopelo
Bodegón de temporada: el detalle como lenguaje.

La cena, el brindis y el después

En los restaurantes más solicitados del norte de Bogotá —Zona G, Usaquén, Rosales— las reservas para el 14 de febrero se agotan semanas antes. No es solo por la fecha: es porque muchos establecimientos diseñan menús especiales con maridaje, decoración floral en cada mesa y un ritmo de servicio deliberadamente pausado, pensado para que la velada se convierta en experiencia y no en trámite.

Para quienes prefieren algo más íntimo, la tendencia de los últimos años apunta hacia las cenas privadas con chef a domicilio: un formato que permite controlar cada variable —ambientación, música, vajilla, tiempos— y que en Bogotá cuenta con una oferta creciente de profesionales especializados en experiencias para dos.

Sea cual sea el formato, la recomendación es la misma que aplica a cualquier evento de relevancia social: anticipación, coherencia estética y atención al detalle. San Valentín en Bogotá no es una fecha cualquiera. Es una oportunidad para demostrar que el buen gusto no necesita excesos: necesita decisiones bien tomadas.

Redacción Editorial

Revista Reyes de Bogotá — Febrero 2026

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